LUZ REBELDE

BOLETÍN INFORMATIVO INSTITUTO POLITÉCNICO DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE

Thursday, November 09, 2006

CULTURAS


JUVENTUDES
Resulta difícil en pocas líneas, abordar un tema tan amplio, pero pareciera que más allá de toda retórica sobre los jóvenes, que los quisiera flojos, desordenados, indiferentes y poco proclives al compromiso social en pos de un desinterés difuso; el análisis de las relaciones intergeneracionales aporta una dimensión en que existe un actor social joven que sería portador de particulares vivencias y especificas visiones del mundo y que apuesta por el cambio social, reconociendo al conflicto como una oportunidad de construcción de un orden alternativo; persiste una cultura de oposición a las situaciones dadas y una ideología de la resistencia, aún cuando no logren constituirse en un movimiento, los jóvenes siguen estando presentes, aunque individualmente, en distintos ámbitos sociales.
En este sentido el anclaje etario solo constituye un esfuerzo clasificatorio y no responde a un proceso sociocultural que, más que revelarse por una edad preestablecida, se manifiesta en un particular modo de vivir y sentirse incluido en el mundo. Por ello, al clasificar las diferentes topologías de actores juveniles en la historia, lo que en realidad se intenta es "ubicar" la diversidad y pluralidad de las juventudes en un confortable espacio métrico que se pueda contemplar a gusto, cuando, en realidad, estas juventudes se mezclan y se entrecruzan en el tiempo y en el espacio haciendo difícil una separación neta entre una u otra experiencia. Es decir, las fronteras que nos separan de tiempos pasados se torna difusa. Se advierte, entonces, cierta nostalgia intelectual y política de los procesos vividos anteriormente leyendo a la juventud actual en función del pasado y no se recurre a la historia para entender el presente, se crea así, un juego perverso que descalifica a los procesos políticos actuales de su continuidad histórica, olvidando que la meta principal de los movimientos en conflicto fue y será el enfrentamiento con la oligarquía y el intento de construir un ordenamiento político y social que la reemplace.
Cabe señalar que la mayor atención de las acciones juveniles se ha centrado en los movimientos universitarios, puesto que tradicionalmente se les ha vinculado a movimientos artísticos que han generado una producción cultural de suma importancia, ya que logran condensar un sentido político y estético a la vez.
Esto es fácilmente apreciable en la "Primavera de 1968” y en la resistencia a la dictadura militar en Chile en 1986, donde la imaginería del progreso prometida por la Modernidad, y encarnada por los sectores latifundistas y clericales, se ve sacudida por estos muchachos imaginarios que demandan mayor participación en la vida nacional (Democracia Participativa), acceso a una educación de calidad y gratuita (Sociedad de Merito) y compromiso con los sectores más marginados (Justicia Social) y que representan las demandas históricas de los movimientos juveniles (lamentablemente quedan con respuestas aleatorias).
En los años ´90, las prácticas políticas de los jóvenes se caracterizaron por la fundación de un campo propio, desligado de los grupos partidistas desde donde negociar con la institución, cuyo rasgo principal es no jerárquico y transversal.
Respecto a la dimensión expresiva, la manifestación cultural se transforma en un espacio de construcción política que reúne a todos (organizaciones y cabros de la esquina).
La ritualización de la manifestación política no es superficial porque el "Carnaval" está íntimamente ligado a contenidos propositivos, esperanzadores y lúdicos, se poblan los espacios públicos, se vuelven a ocupar las calles, se involucra a todos los espectadores y curiosos: la lógica de un flujo ordenadito, tan querido por el ordenamiento neoliberal, no parece ser tan efectivo...
En definitiva, la gente se encuentra.

Así que:
SEAMOS REALITAS
PIDAMOS LO IMPOSIBLE
Aluhel Monsalves

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